Morena pierde, pero la oposición no gana
Juan Luis H. González S.
Una paradoja recorre el sistema político mexicano. Morena se desgasta, pierde terreno electoral, enfrenta escándalos, acumula personajes cuestionados y gobierna en medio de una relación cada vez más complicada con Estados Unidos. Pero mientras el partido oficial pierde, la oposición no gana. Y ése quizá sea el dato más importante rumbo a la elección intermedia de 2027.
La más reciente encuesta nacional de Buendía & Márquez muestra a Morena con 48% de la preferencia efectiva para diputados federales. En febrero de 2025 tenía 58%. Diez puntos se quedaron en el camino; no es poca cosa. Sería absurdo sostener que el partido gobernante permanece intacto, pero hay que observar la otra mitad de la fotografía. ¿A dónde fueron esos votos? No al PRI. No a Movimiento Ciudadano. Y tampoco claramente al PAN.
Entre agosto de 2025 y agosto de este año, Morena pasó de 56 a 48% de la preferencia efectiva para diputados federales, una pérdida de ocho puntos. Sin embargo, ese desgaste no se tradujo en un crecimiento equivalente de sus adversarios: el PAN permaneció en 15%, el PRI pasó de 10 a 12% y Movimiento Ciudadano de 10 a 13%. Considerando el margen de error máximo de ±3.53 puntos de la encuesta, ninguno de esos movimientos representa un cambio contundente en la correlación de fuerzas. Los puntos que Morena ha dejado en el camino no están siendo capitalizados claramente por ninguno de ellos.
La explicación no puede ser la falta de escándalos. En los últimos meses han sobrado: el huachicol fiscal, las polémicas alrededor de los hijos de López Obrador, Adán Augusto López, Rubén Rocha Moya y una presión estadounidense que con Donald Trump ha adquirido dimensiones inéditas. ¿Le ha pegado todo eso a Morena? Sí, pero bastante menos de lo que podría suponerse después de observar las redes sociales y los principales medios nacionales.
El 78% de los entrevistados ha escuchado hablar del huachicol fiscal; 62% conoce las noticias sobre Rocha Moya y 50% escuchó sobre el retiro de la visa de Andrés López Beltrán. No son asuntos confinados a periodistas, políticos o usuarios intensivos de X. Una parte considerable de la población los conoce. Lo sorprendente es que ese conocimiento no se ha traducido necesariamente en un cambio en el sentido del voto.
Y aquí aparece otra paradoja. Morena se desgasta, pero Claudia Sheinbaum no. Su aprobación se mantiene prácticamente intacta entre 2025 y 2026, mientras la identificación con Morena cayó de 43 a 34% en el último año. Hasta ahora, el electorado parece separar a la Presidenta de su partido: Sheinbaum resiste mejor el desgaste que la propia marca que la llevó al poder.
La encuesta contiene otro dato revelador: 43% considera que México va por mal o muy mal camino, frente a 41% que piensa que marcha bien o muy bien. Existe una masa de ciudadanos insatisfechos que, en teoría, debería constituir el mercado natural de la oposición. Sin embargo, entre quienes creen que México va mal, el PAN obtiene 27% de la preferencia efectiva, PRI y Movimiento Ciudadano 19% cada uno, mientras Morena conserva 22%. El malestar existe; lo que todavía no existe es una fuerza capaz de representarlo mayoritariamente.
La imagen de los partidos ayuda a explicar lo anterior. Morena conserva un balance de opinión de +27 puntos; Movimiento Ciudadano, +6; el PAN registra -27 y el PRI -39. Es difícil convertirse en refugio del desencanto cuando quienes deberían capitalizarlo generan también rechazo. Morena tiene problemas y ninguna mayoría política es eterna, pero el desgaste de quien gobierna no produce automáticamente la victoria de quien se opone.
Hace apenas unos días, el senador de MC Clemente Castañeda rechazó el llamado de Alejandro Moreno para construir un frente opositor con una frase lapidaria: “el PRI no tiene autoridad para convocar ni a una borrachera”. Los números, al menos por ahora, parecen respaldar la apuesta de Movimiento Ciudadano por competir solo. PAN y PRI juntos sumarían 27% de la preferencia efectiva, todavía muy lejos del 48% de Morena. Juntar siglas no necesariamente significa sumar votos.
La fotografía electoral rumbo a 2027 empieza entonces a ser bastante clara. Morena ya no tiene la fortaleza electoral que mostraba hace un año, aunque sigue siendo, por mucho, la primera fuerza política; Sheinbaum conserva prácticamente intacto su respaldo y la oposición continúa esperando que los errores del gobierno hagan el trabajo que ella no ha sido capaz de hacer. Puede haber enojo, escándalos y desgaste, pero los votos no cambian de dueño por generación espontánea. Para que Morena pierda una elección no basta con que pierda puntos: hace falta que alguien sea capaz de ganarlos.
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